Los tiempos de Dios no sólo son perfectos: son justos, sabios y siempre llegan cuando el corazón está listo para agradecer lo que un día pidió llorando
Hoy en el silencio del sábado santo, aprendamos a esperar no desde la certeza si no desde el amor; contra toda esperanza, cuando el dolor pesa y la promesa parece lejana. María no ve, no entiende, pero confía, su corazón firme, porque incluso en el silencio, Dios ya está obrando.