Aplicar un impuesto a los bienes personales para redistribuir la riqueza, es como confiscar de a poco las partes de un auto y venderlas para redistribuir entre los pobres. Al final desaparece el auto y los pobres siguen existiendo
Gente supuestamente inteligente diciendo cómo la pandemia mostró cuántas cosas son “superfluas”, qué tan dependientes somos de “boberías”, cuánto deseo humano está orientado a consumir -y cuánta acción humana, ergo, a producir- “cosas innecesarias”.
El cínico del técnico va a ir a la conferencia de prensa a reconocer la actitud del segundo tiempo, a decir que hay que seguir aprendiendo de los errores y no se cuántas boludeces más. Ojalá me lleve una sorpresa y renuncie.