olor a paquete de figuritas de esas con brillitos que me compraban como compensación después de llevarme a dar una inyección a una casa de ladrillos rojos y pasillo largo en la vereda de enfrente de colombres.
sábado las cinco de la tarde, tu mamá te lleva al cumpleaños de una compañera de tercer grado que vive en almagro. vas con pollera y esas medias can-can de lana y una caja de perfume envuelta para regalo. reconocen la casa enseguida porque hay globos pegados en la puerta.
la verdad es que es una decepción que el quesito adler no tenga el mismo sabor de mi infancia, que mi papá no haya revivido, que no venga de la cocina en este instante y apoye una botella de soda helada en mi espalda para hacerme gritar y retorcer del frío.