Imagínese ser gay y tener un jefe homofóbico que destituye a una ministra por una declaratoria de interés cultural de una marcha. Imagínese bajar la cabeza y seguir siendo un perro vendido por tres pesos. Bueno, esa persona existe.
¿Fuimos a Casa Presidencial a hacerle “desorden” al presidente? No. El Gobierno mandó a callar nuestras preguntas, que cuestionaban lo que sus jerarcas dicen y hacen. Fuimos a buscar respuestas pero el presidente se burló y solo pudo mandar “saludos”. (Primera parte)