Sigan traicionando en silencio y jugando a ser leales, sigan creyendo que nadie se da cuenta, pero sobre todo, sigan creyendo que la gente buena les va a durar toda la vida.
Un aplauso para quienes pudieron seguir adelante con sus vidas, a pesar de no haber recibido las disculpas o el cierre que merecían. Eso requiere mucho valor.
Asumir que no puedes obligar a nadie a que se comunique, te escuche, entienda o elija no es fácil, pero te salva. Que da igual lo que hagas y cuánto lo intentes porque sin la disposición del otro la batalla nunca acaba en victoria, solo en desgaste. Y ninguna relación que merece