La gracia te mueve cuando quieres parar. La gracia te saca del victimismo y te hace responsable. Te conecta con tu poder. Aliviana y te recuerda de tu fuerza. La gracia suaviza cuando el dolor te quiere separar. La gracia baña en autocompasión cuando la cabeza quiere juzgar.
Muchos creen que van a ser felices cuando encuentren una pareja, otros cuando estén en el trabajo de sus sueños o cuando tengan un hijo. Lo cierto es que la felicidad no se alcanza con nada externo. La felicidad llega con la paz interior, la que se consigue sanando por dentro.
Doy las gracias a todos por su cercanía y sus oraciones. Encomiendo a María a los enfermos, sobre todo a los niños, como los que he visitado en Oncología del Gemelli. Oremos por cuantos sufren la pérdida de sus seres queridos y por quienes trabajan en los hospitales. Los admiro.